A través de Internet, clientes, proveedores, socios de negocios y empleados, usan los servicios que las empresas construyen para resolver necesidades de diversa índole. Los clientes para informarse sobre los productos y servicios que ofrece la empresa o para obtener soporte (servicio al cliente). Los proveedores para ofrecer su portafolio o para el desarrollo de negocios en conjunto. Los aliados en ventas para informarse sobre los productos, listas de precios, condiciones especiales de venta. Los empleados para informarse sobre la misma empresa para la que trabajan.
Como usuarios de estos servicios su única expectativa es que funcionen siempre, bien y rápido, proveyendo información actualizada y sistemas robustos que simplifiquen las relaciones comerciales, y aseguren calidad y precisión en la información.
Por esto, la presión sobre los responsables de ofrecer servicios por Internet de una forma segura, eficiente y controlada aumenta cada día más.
Es común encontrar que la presencia en Internet de muchas empresas se dio básicamente por presión de mercado, por moda: “Hay que estar en Internet. ¿Por qué? Porque todo el mundo está y no podemos ser la excepción…”. Y así nacieron muchos proyectos de presencia en Internet que, sin una adecuada planeación y ejecución, se convirtieron en verdaderos monstruos sin control y sin norte: crecimiento descontrolado, sin directrices, conformando islas informáticas, soluciones monolíticas, etc.